Si hace unos años me hubieran dicho que hoy cambiaría los uniformes de empresa por ovillos de lana y ganchillos, quizás no lo habría creído. Durante mucho tiempo, mi vida transcurrió en el mundo del trabajo en empresas, cumpliendo horarios y trabajando para otros. Pero la vida tiene sus propios planes, y los míos llegaron en forma de dos hermosas razones: mis hijas.
Lo que empezó como una búsqueda de ingresos se convirtió rápidamente en mi pasión. Me sumergí en el mundo de los amigurumis y las flores a crochet, aprendiendo a interpretar patrones y a buscar los códigos de colores perfectos para que cada pieza fuera única. Recuerdo la primera vez que convertí una imagen en un muñeco real; sentí que mis manos tenían un superpoder que no conocía en mis años de oficina.
Hoy, mi casa es mi taller. A veces el caos de ser mamá se mezcla con mis hilos, pero ver a mis hijas crecer a mi lado mientras tejo un elefante o una rosa eterna, me confirma que estoy en el lugar correcto. Este proyecto de amigurumis no es solo un negocio para salir adelante; es la prueba de que las mamás somos capaces de reinventarnos por amor.
Gracias por estar aquí y apoyar este camino. Cada punto que tejo lleva la fuerza de una mujer que decidió emprender para no perderse ni un segundo de la vida de sus hijas.

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